15 julio, 2010

Quiero compartirlo.

Hoy fue un día no planeado.

Realmente todo mi día estaba planeado, pero nada resultó. Sin embargo, estoy muy agradecida con Dios, porque sé que Él sí estaba en control. La mañana fue caótica y completamente inesperada. Papá se puso muy mal (gracias a Dios ya está bien), por una reacción alérgica a la penicilina y entonces más de la mitad del día la pasamos en el doctor y lo que eso conllevó al cruzar la frontera para atenderlo del "otro lado".

Después tuve una cita especial con un amiga (lo único que sí quedó igual en la agenda) y tuvimos más tiempo para platicar debido a que el estudio de mujeres de todos los miércoles se pospuso por una junta urgente de mi iglesia local. El día concluyó con una velada, a partir de las 11:15pm, con otras dos amigas (a raíz del estudio) para compartir la vida de las últimas semanas.

Escribo, ahora sobre esta junta urgente ante la transición por el cambio de pastor en mi congregación. Todos lo hemos resentido- y algunos llorado-, no sólo por su desempeño al formar equipo y guiar hacia Cristo a los hermanos y hermanas como hermano entre nosotros, sino por su amistad brindada en este año.

No estoy de acuerdo con ese tipo de decisiones, sin embargo, y más allá de eso, creo que su ejemplo me marcó, como le dije en la junta: su forma de liderear me devolvió la esperanza al ver un verdadero modelo de hacer iglesia. Un cuerpo edificándose mutuamente, un lider que sirve, amor sacrificado, equipos que trabajan, capacitación para la obra, integridad y transparencia. Errores, sí, pero no protagonismo. De alguna manera, para alguien que está muy desilusionada de las instituciones eclesiásticas, el ver destellos del Reino de Dios en medio de las estructuras excluyentes y viciadas, me hizo recordar que esto no se trata de nosotros, sino de Él.

¡Dios nos ayude, como Iglesia suya, a ser un verdadero reflejo de su Gloria!

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