19 agosto, 2011

Carta a una querida amiga,

Hoy hablamos por teléfono. Cómo te decía, durante el viaje te tuve presente y de manera muy especial, hoy quería compartir contigo lo que Dios está haciendo en mi corazón, lo que me enseñó estos días fuera de casa y quería escucharte.

Varias veces rodaron lágrimas por mis mejillas, si te hubiera tenido enfrente hubiera llorado como lo hice cuando estuvimos juntas en el hospital. No era por tristeza, me conmovió escucharte, porque en verdad imaginé estar en tu lugar, no se me hace tan dificil ponerme en tus zapatos, y creo que lo entiendes, porque Dios nos ha regalado esta amistad y él nos ha unido de manera especial. No entraré en detalles, porque este es un espacio público, pero cómo te dije, quería escribir algo sobre nuestra plática. Me alegró mucho escucharte y entender mejor cómo Dios trabaja en medio de circunstancias de enfermedad y dolor. Soy testigo de cómo Dios tiene el control hasta de los detalles más insignificantes y doy gracias que lo ves con tanta claridad y eso te anima a confiar en él aún más -y de paso, animas mi fe y la de otros que estamos cerca de tí-.

También doy gracias a Dios porque nuestra amistad ha crecido por la Palabra y se ha fortalecido en la adversidad, porque hemos compartido las amistades y el ministerio, y porque nunca he temido decirte la verdad o confrontarte con lo que veo. Creo para tí la experiencia es parecida. Ahora que estuve fuera del país, sabía que estabas orando por las cosas que de pronto podía decirte que pasaban por mi cabeza y corazón. Yo sabía de tu salud por los correos que me enviaste y aún cuando los diagnósticos no eran tan alentadores, sé que Dios tiene el control. ¿Por qué te trajo a Tijuana? Aparte de todo lo que no sé y no entiendo, me dio el privilegio de cuidarte y a los Compas de BC nos permitió atenderte y aprender junto a ti.

Ahora que estoy de regreso, me da gusto que compartamos cómo el Señor nos desafía a verdaderamente dejar el control en sus manos. A ti te lo ha quitado (en un sentido) y a me invita a cederlo. Mientras yo aprendo de esta experiencia tuya, sé que tu aprendes de lo que el Señor me ha dado, y el intercambio de vida y esperanza se enriquece al reconocer al Dios que nos guía y nos invita a seguirle, a identificarnos con él y a tomar nuestra cruz. Compartir contigo las implicaciones de la renuncia me anima, porque me conoces como amiga y en medio de esto entiendo mejor el amor de Dios, el de Jesús quien es Amigo.

En este tiempo de viaje, como te dije, Dios me recordó cosas muy básicas como lo ha hecho contigo. Creo que Dios usó este tiempo como parte importante del proceso de formación en el que nos tiene y me enseñó cosas que tengo el anhelo de aprender bien, para que otros se beneficien de ello. Ya escribiré más de todo esto, creo que al escribir me hago consciente de todo lo que Dios está haciendo. Pero esta noche sólo quería agradecer a Dios por nuestra amistad y comenzar mi regreso a casa agradeciendo por lo que él hizo antes de irme...

Dios contigo,

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