28 agosto, 2009

Entre multitudes

Dicen los que saben que una de las principales características del mundo de hoy es la masificación... Sin embargo, las multitudes de las que hoy vamos a hablar no eran tan grandes. Se remontan a la historia de un recaudador de impuestos para el imperio romano en un lugar llamado de Jericó, hace unos veinte siglos.


En Lucas 19, la historia de Zaqueo ha sido motivo hasta de un gracioso canto que los niños de varias iglesias suelen repetir, pero ayer por la noche Zaqueo me hizo considerar mucho más que su estatura. Algo evidente en la historia es que Zaqueo quería conocer a Jesús y la multitud no lo dejaba; él se sentía privado de la presencia de Jesús, quería verlo, escucharlo y tal vez hasta hablar con él. Quién sabe cuánto estaría en su mente y corazón por Jesús, que lo llevó a subirse a un árbol para verlo aunque fuera de cerquita. Pero Jesús ya sabía, él ya había tomado la iniciativa para encontrarse con él. Y no sólo eso, sino que, ¡hasta su casa habría de llegar! Y aquí surge mi primer pregunta: ¿Cuánta gente no está como aquél Zaqueo? Queriendo conocer a Jesús, corriendo para subirse a algún árbol, con el deseo de verle, de saber quién es aquel del cual muchos hablan... -pero ahora las "multitudes" son más grandes, más arrolladoras.-

Pero Jesús sabía, y tomando la iniciativa va a su casa esa noche. Aquí entró un recuerdo personal. Jesús llegó a mi vida así, una noche después de mucho buscar, preguntar y subirme a varios árboles, él simplememente llegó. Esa noche lo recibí, así como lo hizo Zaqueo. Él lo recibió en la intimidad de su casa, con los suyos. Pero lo más sorprendente fue el resultado del encuentro. ¿Qué decir de las consecuencias de esa visita? Ese hombre reconoció su condición, su pasado y tuvo el valor para arrepentirse y mostrar frutos dignos de ese cambio de corazón. Con justicia, restitución del daño, misericordia y generosidad. Aquí cabe otra pregunta: ¿Cuando mis encuentros personales o nuestros encuentros comunitarios con Jesús nos llevan a este tipo de fruto?

Después de la escena, Jesús le anuncia a Zaqueo, que la salvación a su casa. Porque él ha creído, ha tenido fe en quién es Jesús y en su poco conocimiento del Maestro ha respondido con su vida, como seguidor. Y Jesús vino para gente como él: extraviados, rechazados por algunos, necesitados de conocer a Jesús, a nosotros ha venido a salvar. Y citando las palabras sintetizadas de William Barclay: la salvación o... "soteria es lo que salva a un hombre (y mujer) de la ruina de su alma en esta vida y en la futura."

Entonces, regresando a nuestras preguntas:
1. ¿Cuánta gente no está como aquél Zaqueo? ¿Qué estoy haciendo para llevarlos a Jesús?
2. ¿Cómo respondemos a la iniciativa de Jesús de ir a mi casa, de instalarse en mi intimidad?
3. ¿De qué forma mis encuentros personales y aquellos comunitarios nos llevan a transformaciones y acciones como las de Zaqueo? -que expresan justicia, arrepentimiento, redención, generosidad, misericordia...-
4. ¿Qué trae consigo Jesús al llegar a un cierto lugar? ¿Por qué lo hace? ¿A quiénes llega?

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