02 agosto, 2009

Niñéz, documentales y la misión de la iglesia


De pequeña vi muchos documentales. Algunos eran sobre animales en peligro de extinción, otros sobre las prácticas culturales de pueblos lejanos, de civilizaciones antiguas, de lo que podía existir más allá de este mundo o sobre científicos desarrollando nuevos artefactos o medicamentos para el mejoramiento de la vida. Tal vez hasta estos días vengo a darme cuenta que eso forma parte de una práctica familiar que marcó mi niñez y la forma en que entendía al mundo.

Mis papás son personas bastante sencillas y nunca lograron hacer cosas "súper espectaculares" según el juicio de muchos, pero lo que aprendí de ellos y que ahora puedo reconocer me emociona y me hacer sentir muy agradecida con Dios y con ellos. Porque han sido muy conscientes socialmente, porque nunca han estado a favor de la injusticia, han mantenido mentes abiertas y críticas sobre la realidad que los medios imponen, incluso se han abierto a mundos que nunca han pisado físicamente, pero a través de la lectura y otros medios han descubierto y se han dejado afectar.

Las películas, documentales y libros que le gustán a papá y mamá sí formaron esa parte inquieta y disconforme con lo establecido que vive en mí. Incluso creo que el ser hija tardía de una generación que vivió los efectos del mundo desencantado por la segunda gran guerra, los movimientos sociales del siglo pasado y el despertar de una conciencia social más aguda formaron mi propia visión del mundo. Desde la música, hasta mi propia educación en una escuela con niños mayormente de clase media alta me permitió vivir entre dos mundos y ser más sensible a los problemas que se vivía en ambas realidades.

Creo que siempre pensé que podría lograr lo que me propusiera y sentía que nos proveían las herramientas para hacerlo, pero al mismo tiempo me topaba con una realidad cotidiana bastante inmisericorde. Pero son de esas cosas que uno nunca está consciente, es hasta que volteamos desde el presente a ver lo pasado que eso se convierte en historia, llena de sentido que provee razón de lo que hoy somos. Y por eso los documentales... porque fue por influencia de esos programas que quise ser veterinaria, después ecologista, después arqueóloga, paleontóloga, geóloga, "científica loca", polítóloga, antropóloga, pero terminé como historiadora. Nada es coincidencia, porque desde pequeña, cuando veía esos documentales o películas algo en mí se movía, me hacía sentir inconforme por estar cómoda, me llevaba a querer descubrir, preguntar, leer, investigar...

...y lo más maravilloso, es que años después descubro, que esos deseos son impresiones del mismo Creador. Porqué, ¿de qué otra forma podemos explicar que los niños sueñen con mundos mejores, con la naturaleza restaurada o con la cura de los grandes males? Es algo que está marcado en nosotros, es ese anhelo profundo por la reconciliación de la humanidad y el mundo con Dios. Ahora ya tiene sentido y todo encaja y eso me hace quedar aún más sorprendida, más dispuesta para ser agente de esa reconcialiación. Que no le toca a unos pocos individuos, sino a la Iglesia: es ella, como cuerpo de Jesús que tiene privilegio de llevar a cabo el plan cósmico de Dios... por eso no podemos quedarnos en la salvación de las almas (como lo sugiere el Snyder en "La Comunidad del Rey"), nuestra misión es esa y mucho más...que Dios nos lleva al entendimiento mayor. -esta es mi oración-

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