28 noviembre, 2009

Hablando con sinceridad

Mis propias limitaciones y desilusión me hacen estar más consciente de que otros han necesitado de mi y yo no he respondido a ell@s.

Porque hay momentos en la vida que uno experimenta desilusiones muy fuertes, sobre todo porque piensa que merece lo mejor, o más bien, que merece lo que uno quiere y espera, y al final no lo obtiene. Las desilusiones pegan hondo en la realidad del corazón humano. Y es que todos hemos experimentado profundas desilusiones, de quienes amamos, de lo que hemos construído y no sucede y de la misma idea que tenemos sobre Dios.

Y es difícil reconocerlo ante otros, no fingir que todo está bien, e incluso darte cuenta que la forma en que otros actúan ante la desilusión propia es inapropiada y egoísta, pero...yo respondería igual, y eso es aún más triste.

Recuerdo en mi historia que han existido 3 cosas que han dejado una huella muy profunda en mí, donde he tenido mi corazón y mis esperanzas puestas en algo que no sucedió o que no recibí. Siendo honesta, dos de ellas aún no le encuentro la razón de ser, y la otra me ha dejado ver que la soberanía de Dios actúa para bien en mi vida, así como en la vida de los demás. Creo que tener una visión tan limitada me frustra, porque no puede entender todo lo que Dios está haciendo, mi comprensión tiene paredes, y aún cuando sé que soy amiga de Jesús y que él me ha hecho parte de su reino y colaboradora suya...Aún así hay cosas que de plano no entiendo.

Pero está bien, porque en mis limitaciones y frustración, más allá de mis paredes lógicas y los muros de mi razón sigue estando Dios. Porque se revela como Creador, Padre, Señor y tanto más al mundo, que yo sólo puedo responder, quiero responder. Porque aún cuando creo por lo que he visto y oído, mi fe crece por lo que conozco de él en lo cercano. Creo en un Dios presente siempre, cercano, con nosotros. Que da sentido, que acompaña, que llora y sufre. Pero que también es fuerte, justo, misericordioso. Que conoce mi desilusión y que verdaderamente quiero lo mejor para mi y para todos. Que usa mi dolor para enseñarme, que me dice cuando estoy mal, que quiere que sea como él.

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