01 marzo, 2011

Otra dimensión del ministerio estudiantil:

La Iglesia local

Sigo aprendiendo muchas cosas en este caminar de la mano con Dios. Y doy gracias por ello. El aprendizaje de las últimas semanas ha sido téorico y práctico y tiene que ver con la iglesia local. Por lo que me veo obligada a reflexionar, escribiendo sobre lo que pienso, veo y de lo que me arrepiento.

El lunes antepasado, sentada en un café, conversaba con uno de mis mejores amigos. Recordamos los años de universidad (tiene poco que pasaron), y cómo mucho de nuestro estudio bíblico desafiaba nuestras prácticas culturales como evangélicos. Como estudiantes de historia, en una escuela de Humanidades, nos formamos en un ambiente crítico, donde se nos hacía muy fácil juzgar lo que se hace dentro de las instituciones eclesiásticas. Muchas veces ocupamos el lugar de jueces y a mi me costaba trabajo verme dentro de la iglesia local. Esto fue bueno en parte, porque la Palabra nos mostraba lo fundamental para el discipulado, y en un ambiente hostil al evangelio, tuvimos que aprender a defender la fe, dejando a un lado las cuestiones secundarias...

En esos años, no me preocupé mucho por trabajar dentro de la iglesia local, aunque siempre me mantuve cerca, asistiendo, tratando de entrar, cargando todo mi bagaje crítico y lo incomprendida que me sentía. Ahora, valoro mucho más que en Compa nos sabemos parte de la labor que la iglesia hace dentro de las universidades, como brazo misionero. Somos parte de la iglesia, y por lo tanto, no somos independientes del todo. Estamos llamados a participar e incluirnos en el trabajo local, y también a servir para corregir y transformar lo deficiente. Es difícil que como estudiantes estemos muy involucrados, pero estoy convencida, que un estudiante que vive la misión en la universidad, usará eso para bendecir a la Iglesia y animarla a salir al mundo, a ser sal y luz.

No sé muy bien cómo se han producido los cambios de escenario, pero estoy segura que el Soberano está detras de ello. Ahora, algunos de los amigos con quienes compartí la trinchera en el ministerio estudiantil (y que eran críticos fuertes de las iglesias) nos encontramos allí, adentro, cobijados, sirviendo, aprendiendo, siendo humillados, haciendo comunidad y animando a que los estudiantes no pierdan ese vínculo. ¡Qué sorpresas! Pero está bien, porque significa que Dios nos ha traíado hasta aquí, nos ha mostrado que no vamos a reinventar su plan. Aunque también nos ha dado la responsabilidad de ayudar a la iglesia a volvernos al evangelio, a repensar las formas de hacer iglesia para ser más incluyente, a corregir las deficiencias, a escuchar, enseñar y ayudar a que las nuevas generaciones sean alcanzadas. ¡Gran labor, pero posible en Él! No tenemos todas las respuestas, ni seremos quienes la salven (esa labor ya la hizo Jesús), pero debemos hacer lo mismo que en la Universidad: mirar que está haciendo Dios y colaborar con Él.

Me he quejado mucho de los tonos triunfalistas cuando hacemos referencia a las iglesias; creo que tenemos mucho de qué arrepentirnos y si cantamos victoria, lo hacemos sólo en Cristo, quien nos lleva seguros. Pero aún así, nuestra actitud debe ser humilde, porque nos hemos equivocado y fallamos al Maestro. Pero en medio de esto, sí tenemos esperanza. Porque Dios ha escogido un pueblo para sí, que muestre al mundo Su gloria. Y ahora que he estado en iglesias locales, que he compartido con jóvenes, con líderes, con varones, con mujeres y con pastores, estoy convencida que Dios está haciendo cosas allí adentro. No todo lo que él hace sucede con los de adentro, pero hay cosas que están pasando... Si nuestra iglesias redescubren a Jesús, al evangelio, si salen, si conectan la realidad con las Escrituras, si logran vivir toda su vida bajo el Señorio de Cristo, las cosas van a seguir cambiando. No hace falta descubrir el hilo negro...

Qué Dios tenga misericordia, que Dios nos use en esta generación, que nos continué cimbrando para movernos de nuestros lechos de comodidad... Y también pido a Dios que me permita escuchar a los que ya caminaron por estas veredas años antes, atender las inquietudes de las generaciones que nos precedieron, de quienes conocen la tierra que han plantado, aprender de sus errores, arrepentirnos, amarles como hermanos, viajar con ellos, compartirles nuestros sueños y mostrarles mi agradecimiento... ¡Qué tan linda y compleja comunidad nos ha hecho Dios!

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