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Nuevas incursiones...viejos amigos.

Hace menos de una semana me reuní con mis compañeros y amigos de Universidad. Por años hemos estudiado la Biblia juntos, hemos debatido acalorádamente sobre política, el sentido de la historia, nuestras historias, hermeneútica, justicia, inclusión (y miles de cosas más)... Creo que en algún momento a varios se nos han salido las lágrimas, nos hemos dicho cuánto nos queremos; he visto una amistad ejemplar entre dos hombres a quienes admiro por su trato entre ellos y hacía mi.

Nuestras clases nunca terminaron cuando los maestros se iban del salón; entre los pasillos, en la cafe, en las comidas y donde pudiéramos seguiamos platicando los temas que nos interesaban. Por momentos creímos que sabíamos más que todos, nos quisimos comer al mundo, armamos colectivos, ideamos formas de resistencia, leímos autores complicados, nos cuestionamos nuestras formas de vivir y entender al mundo.

Pasamos horas caminando por Tijuana, yendo a conferencias, algunos congresos, escribiendo, leyéndonos y aprendiendo muchas cosas que entre nosotros nos platicábamos, debatíamos y afirmábamos. Creo que varias veces nos quedamos callados cuando alguien lanzaba una pregunta que antes no hubiéramos considerado, en ocasiones recuerdo que casi nos rendimos ante la desesperanza, pero no pudimos...no nos dejamos.

En verdad creo que Dios ideó nuestro encuentro. Cosa tan buena no puede ser casualidad. Aún sonrío cuando pienso en Abdiel y Pedro (y después se unió Pahola) comiendo sushi y otras cosas saludables porque yo no podía comer de todo. No olvido algunos de nuestros sueños y agradezco profundamente la amistad.

El compromiso social, derivado de un compromiso con el Reino de Dios siempre nos ha desafíado. Allí, en nuestros cafés, conversaciones y trasnochadas, siempre quisimos ir en contra del individualismo y pensar más allá de nosotros mismos. Aprendí mucho, y hay circunstancias donde valoro más lo que recibí de ellos y que se generó en nuestro caminar. Hoy escribo recordándoles, porque el núcleo de la FTL es en parte una cristalización de conversaciones sobre Biblia, teología, realidad y compromiso de hace tiempo. Porque la habilidad del diálogo la ejercité con ellos, en un clima intelectual hostil que planteaba la necesidad de pensar la fe, los valores, el mundo y la vida.

Por eso la Universidad fue escuela, ellos han sido los mejores compañeros y Jesús nuestro mejor Maestro.

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