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Antes de ir a domir...

Debo escribir que hay Alguien que me impulsa cada día a soñar con lo que otros ni siquiera han imaginado. A creer lo que otros consideran imposible. Pero con soñar viene una responsabilidad grande, que el sueño sea para que otros aprendan esta práctica, vean que sí es posible y hay razones para hacerlo.

No digo que lo que soñemos se cumple, ni que la promesa es que siempre será así, pero creo que hay sueños agradables, como aquél de un profeta llamado Jeremías. Él soñaba un pueblo restaurado, a mujeres con nueva esperanza, dolor convirtiéndose en alegría, esperanza devuelta para los niños, saciedad, justicia, agua para los que tienen sed... bailes, cantos, vino y comida, un nuevo descanso... Estos eran sueños de Dios, que le costaron la vida.

Nunca recibió la aceptación de su pueblo, pero no expresarlos, no decirlos era callar la esperanza, aún cuando esa implicaba reconocer la condición de una comunidad que había abandonado a Dios. La corrupción, el abuso de poder, y la maldad de un pueblo que se creía intocable. Creo que soñar puede ser una práctica digna de resignificarse. Porque en su abuso se ha dicho qué soñemos y eso se hará o que Dios cumplirá nuestros sueños casi como por arte de magia. Pero los sueños de Jeremías eran inspirados en el caracter mismo de Dios, no para satisfacer intereses mezquinos o justificar a los de arriba. Su sueño era denuncia-llamado al arrepentimiento-Dios interviniendo-esperanza...

Pido que nuestros sueños también incomoden, que también afecten a los cercanos, a los de lejos...que Dios los use, los inspire, nos mueva.

Comentarios

  1. "soñar puede ser una práctica digna de resignificarse", orales!... ah.. Jeremías, el tierno Jeremías, vaya vida la suya, valiente!... los sueños, asi sea!

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