19 septiembre, 2009

Pensando las familias...

Después de una tarde con la familia. Esas caras conocidas con las que crecí, esas risas tan familiares, reconocibles a varios metros de distancias, los gestos de felicidad, las lágrimas de agradecimiento y las conversaciones de pronto profundas en medio del ruido y lo mucho que se esconde... Porque después de vernos cada fin de semana nadie sabía el vacio que algunos de sus miembros estaban sintiendo, porque algunos preferían dibujarse una sonrisa aunque por dentro se estuvieran ahogando, porque dejamos de reconocernos a pesar que nos veíamos tan seguido. Hasta que llegamos al punto donde ya no podíamos vernos, donde era dificil reconocernos a la distancia...aunque el amor no se apagó.

Y es mucho de eso que viví que puedo hoy agradecer por mi familia de toda la vida y aquella que es nueva y sigue creciendo. Porque nací en un contexto donde hubo mucho amor, alboroto, problemas, risas, solidaridad, pero también mucho no se decía, era demasiado doloroso y otros prefirieron mejor ser indiferentes o callar. ...En algún momento aprendí de la otra familia. Una que crece y es igual de real, valiosa y llena de amor. Es una familia por decisión y por regalo. Son aquellos amigos que han decidido amar y que Dios ha puesto en el camino, aquellos que sus caminos se han cruzado y con quienes he compartido mucho más que con los de mi sangre. Gente que no sólo ve por sus propios intereses, que ama y que muchas veces es difícil que otros entiendan o se los explique, pero que han sido clave para la vida y más allá.

Pero ambas familias son razón suficiente para hacer que un corazón sienta felicidad, amor, se dibuje una sonrisa y hasta de pronto se escape una lagrima. Por momentos de suma felicidad o por esos que enseñarón mucho aunque fueron más complicados. Hoy, por ejemplo, escuché a una personita de mi familia hablarme de la vida, y pensé mucho en la misericordia y el amor incondicional de Dios Padre y Madre con nosotros, que una y otra vez nos extiende su mano y no nos deja. Ellos, mi familia de sangre y de toda la vida, han sufrido diferentes situaciones, pero hay mucho de felicidad en ellos y mucha bendición de un Dios que ama a todos los que son su creación y le buscan. Les agradezco a Dios por las dos familias...por aquella donde nací y que hoy sigo amando y por aquella que se ha ido formando y ha estado tan cerca de mi corazón que el vínculo de unión es la gracia y el amor...no ha hecho falta un apellido, somos hijos del mismo Padre...

Sin embargo, no creo olvidar como hoy aprendi mucho en medio de esa conversación; de escuchar un corazón que ha pasado por tanto, tan díficil, mucho de lo cual es fruto del egoísmo y negligencia, pero al final, su historia es de misericordia y redención. Aún cuando no conoce a Dios profundamente, Él ha decidido hacerse tan presente en su vida como en la mia y hoy eso me hizo sentirme más parte de ellos, esos que vemos lejos porque no comparten el lenguaje de nuestra fe, ellos también reciben la misericordia, el amor, felicidad y siempre será una manera de apuntar hacia Dios, de invitar a que le conozcan más de cerca... porque ciertamente no está lejos de nosotros, se ha hecho cercano y en medio de nuestras luchas, éxitos, lágrimas y oportunidades renovadas está la bondad de un Dios que se entregó por todos, para una vida de verdad, restaurada y llena de Él...

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