18 septiembre, 2009

"De tierra crece la montaña. De paciencia de tierra, pulgada por pulgada, o de crispadura de tierra que empuja hacia arriba el fuego de dentro, o del espasmo doloroso de la tierra joven carne -del mundo- en los albores de la Creación....
Pero de tierra crece la montaña..., siempre de tierra."

Poema VIII de Dulce María Loynaz

Cuando leo estas palabras de la poetisa, me evocan a pensar en el amor y en todo aquello que exige paciencia para alcanzarse, para entender, vivirse y disfrutarse. Tal vez yo pueda decir que sé que de que está hecho el amor, que conozco bien en quien se ha encarnado y en otros sinónimos que puedo usar para definir el trillado y mal-usado vocablo, pero también me hace pensar que es más bonito cuando no intento encajonarlo, cuando lo dejo ser o cuando simplemente pienso en la paciencia. La paciencia que nos lleva construir una relación, conocer a un amigo, aprender la sencillez, disfrutar lo que no se tiene o asumir que habrá mucho que jamás en esta vida comprenderemos.

Me hace pensar también que algo tan imponente, no está hecho más que
de tierra, "De paciencia de tierra...", se pudo modelar por el Creador, pero eso no quita su esencia, lo que es y contiene. Es tierra y poco a poco se formó, llegó a ser grande, parte de un paisaje maravilloso, pero es tierra, es esencia, es sencilla.

Te conocí y de pronto te desconozco.
No sé cómo miras, porqué lo dices, cómo lo sientes...
Ya no sé si eres tú o si dejé de ser yo por fijarme demasiado.
Si esto habrá florecer, tendremos que cultivarlo,
tendré que reconocer que surge de la tierra, que no es tan extraordinario.
Pero querré verte también cómo eres, que tú me veas como soy,
que nos quitemos los encantos y nos veamos en la esencia.
Si esto habrá de crecer, será por la paciencia,
modelados por el Maestro, con el diseño que nos ha dado,
pero será por perseverancia.
Al final, si crece, será el amor...

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