11 septiembre, 2009

de todo un poco...

Hoy soñé. Esperé por más de una hora en una fila. Quise llorar al recordar un momento triste y saber que necesitada sentir Tú perdón. También supe que por hoy no hay otro mejor lugar donde servir para mi, que en la universidad. Que lo más bonito del llamado es ser amigos, de Jesús y de otros. Que mi sobrino Andrés, para muchos una incógnita médica y una posible carga, es la razón de nuestras sonrisas y nuestro constante asombro.

También me enojé con la politica de mi país, renuncié de nuevo a creer que un gobierno pueda transformar la realidad de la gente y escuche el presagio de un amigo sobre las próximas pandemias, aquellas que mi generación habrá de hacer frente... Muchas cosas me apuntaron a la desesperanza, pero decidí mejor creer. Contra toda probabilidad, decidí agachar mi cabeza, declararme incompetente, vulnerable y orar con mis amigas. Allí, reconocer las limitantes y compartir preocupaciones. Decidí llegar tarde a casa y planear un cumpleaños sorpresa.
Cosas sencillas, otras complejas. Sigo esperando, espero mucho, a veces demasiado... Pero espero porque tengo esperanza. No es sencillo, pero vale la pena...

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