30 septiembre, 2009

Nuevos caminos...

La experiencia de compartir un estudio bíblico con mujeres de mi edad y un poco más grandes, provenientes de diferentes trasfondos y con distintas experiencias de vida ha sido un verdadero regalo de autodescubrimiento y desafío. Tan sólo han sido dos sesiones, pero me ha permitido iniciar a caminar en una vereda desconocida, con mucho por descubrir.

Creo que desde que empecé a leer aquél libro sobre teología feminista y las preguntas que surgieron de mi diálogo con él, Dios abrió la oportunidad para que yo misma respondiera. ¿De qué manera el evangelio de Jesús es buena noticia para las mujeres hoy? ¿Cómo Jesús transforma y ha transformado la realidad de las mujeres en la historia?

Y me ha encantado comenzar a conocer a estas mujeres que son muy parecidas a mi y yo a ellas, y a la vez somos muy parecidas a la samaritana, a aquella mujer pecadora que Lucas describe, a la que interrumpe a Jesús camino a sanar a una niña de 12 años, a la sirofenicia, a las hermanas María y Martha, y que quieren ejercitarse en la fe como muchas otras que nos dan ejemplo en los evangelios y entre ellas a María, la madre de Jesús.

Y cuándo las veo, en verdad que son mujeres bien hermosas, con muchas cualidades, talentos, gracia, pero a la vez con mucho dolor, desilusión, frustración y fracasos. De nuevo, no son la excepción a la regla, y también nos acercamos a Jesús esperando ver su respuesta, su transformación, su obra poderosa y gentil en nuestras vidas y a nuestro alrededor. Él es aún más sorprendente que cualquiera de nosotras, porque es el iniciador de los encuentros, el reivindicador por excelencia, el que perdona hasta el peor de los pecados y hasta se arrepiente por proceder según la norma cultural y al final reconoce a una mujer extranjera como hija por la fe. Él es maravilloso...

Algo evidente en este estudio es que todas de alguna manera procedemos de familias rotas o marcadas por algún tipo de rechazo, vicio, trauma, crisis o problema recurrente que ha dejado su marca . Pero también, espero que ese espacio se convierta en un despertador sobre lo que Dios es y hace en la vida cotidiana. Un Dios que sana, acompaña, ama, protege, reivindica y restaura lo que ha pasado o se ha perdido. Y que al mismo tiempo invita a que cada una tome su lugar para llevar Vida a otros que están en situaciones de dolor, marginación, sufrimiento y desesperación.

Sigo a la expectativa Jesús, que estas mujeres, así como aquellas con quienes comparto en la universidad, las de mi familia y mis amigas podamos caminar por el camino que lleva a la Vida de verdad en tí. Para nosotras como mujeres y para los hombres que caminan con nosotras, que ellos también te encuentre como eres.

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